Terapia Psicológica para Adolescentes y Jóvenes

La adolescencia suele empezar a los trece o catorce años y la juventud a los dieciocho.
El adolescente actual se encuentra con muchas dificultades emocionales y psicológicas, porque aunque aparentemente viva una época de mayor libertad que la de sus padres, y ya no digamos abuelos, la realidad es que la sociedad no le aporta las estructuras, referentes o valores adecuados para que progresivamente pueda ir construyendo su personalidad.
Ante un mundo hedonista, que favorece el consumo compulsivo, el “vivir a tope” o el probar experiencias nuevas y sin límites y que, por contra, ha perdido valores como el esfuerzo, la autodisciplina o el respeto a la autoridad, el adolescente se siente sometido a un alto grado de estimulación externa, y a no ser que los padres, si han dispuesto del tiempo y la energía necesaria, hayan hecho una labor educativa continuada y perseverante es posible que éste pase por momentos de incertidumbre, de conflictos personales o de conductas no adecuadas: absentismo o fracaso escolar, consumo de sustancias adictivas, apatía, rebeldía agresiva, depresión, anorexia, etc...
La psicoterapia con adolescentes o jóvenes se basa fundamentalmente en un aspecto clave: la confianza. Esta es necesaria para que puedan abrirse con franqueza, sabiendo que serán respetados y no juzgados, y que el terapeuta sabrá ser receptivo ante sus problemas y sus demandas.
Un adolescente o joven con conflictos personales, internos o externos, puede a veces encontrarse en una situación de colapso ya que si bien su evolución física y psíquica le hace estar en una etapa vital de alta energía, y esto es muy positivo cuando el chico o la chica están bien, es un problema mayor cuando tienen dificultades porque no están en el mejor momento orgánico para producir reflexiones lúcidas que les lleven a superar por sí solos los problemas. Si a esto le añadimos que, por las razones que sean, prefieren seguir adelante con una actitud destructiva o autodestructiva antes de confiar en algún adulto cercano (es sabida la tendencia en esta edad a no sentirse queridos ni comprendidos) nos daremos cuenta que pueden creerse muy solos ante sus dificultades.
A los padres se les debe requerir paciencia, y sobretodo no tratar de imponer, de repente normas y disciplinas, cuando, a lo mejor, nunca antes se tuvieron, porque la rebelión puede ser mayor.
El adolescente y el joven requieren de una atención especial basada, como he dicho antes, en la confianza, pero también en el afecto y en el respeto. Sean como sean tienen su propia dignidad, y a veces detrás de problemáticas leves o graves, se esconden asuntos especiales y peliagudos que requieren del máximo tacto y sensibilidad para ser abordados.
No hay nada que no pueda ser superado pero se requiere abordarlo a tiempo aún cuando el joven o el adolescente se nieguen a acudir a un terapeuta, para ello hay fórmulas que son efectivas, por ejemplo, que el joven sea el que acompañe al adulto al psicólogo, que el adulto establezca contacto con un profesional, y le pida que éste llame al adolescente y hable con él por teléfono, para romper el hielo de entrada, o que primero acudan los padres del chico o chica a la consulta para orientarse sobre los mejores pasos a dar para ayudar a su hijo.
La terapia con chicos de estas edades no es tarea menor pero si en las primeras sesiones se consigue eso que llamamos alianza terapéutica, es decir, un grado de confianza y empatía adecuados, una gran parte del éxito del proceso puede estar garantizado.


Damián Ruiz
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