Dudas sobre la orientación sexual

Dudar sobre la propia orientación sexual es como dudar de la altura que uno tiene o del color de su piel. Es difícil dudar sobre lo que uno siente o sobre lo que a uno le atrae. Si a un hombre le gustan las mujeres difícilmente sentirá sensación alguna cuando aparezca un chico, por muy atractivo que sea.
Pero si a una mujer o a un hombre le pasa eso con alguien de su mismo sexo, ¿qué ocurre? Pues que le aparece el peso de miles de años de rechazo, la idea de estar sintiendo algo vergonzoso o pecaminoso o el pensar que va a decepcionar a su familia o que le van a marginar por sentir esa emoción.
Pero nadie se puede engañar a sí mismo, hay lo que hay, y tarde o temprano acabará teniendo una fuerza tan grande sobre la persona que, por mucho que trate de ocultárselo, se irá haciendo más y más evidente.
Hay quienes conciben al ser humano con las mismas características evolutivas que las del ratón de campo y que siguen argumentando con tesis homofóbicas sobre déficit en los estadios de maduración y otras teorías similares. En realidad son los mismos que en otras épocas se negaron a aceptar la igualdad de las mujeres, o la de las personas de color. Son aquellos que creen que existe la misma ley natural para las ranas tropicales, los abetos suizos o los humanos. Atrapados en un dogma tratan de “curar” y, como consecuencia, impiden la felicidad, generando normalmente mayor neurosis, en aquellos que sienten una orientación sexual distinta.
Y no saben el dolor que causa comprobar como una o un joven o adolescente sufre porque ha descubierto su homosexualidad, y cree que eso está mal.
La homosexualidad y la bisexualidad no son problemas morales ni psicológicos, son realidades de base genética, igual que el tener ojos azules o negros, de las que participan un diez por ciento de la población aproximadamente. Otra cosa es como cada uno quiera vivirlo.

Damián Ruiz
www.eoriocc.com